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En
1994, apenas un año después de darse
a conocer en el festival de San Remo, recibió
un premio en Montecarlo (World Music Award) que
la acreditaba como la artista italiana más
vendedora.
¿Cómo
encajó entonces ese "milagro"
y cómo se explica, siete años más
tarde, su increíble éxito?
- Los premios que recibí en mis comienzos
no los disfrutaba tanto como las cosas que están
pasando ahora en mi vida. Porque al principio,
desconociendo por completo lo que era el mundo
del espectáculo, recibir un premio era
algo mágico, por lo mucho que lo había
soñado y deseado. Yo tenía 18 años
y no me podía imaginar que sería
una cantante italiana de éxito, con que
imagínate triunfar fuera de mi país...
Y ahora no puedo imaginar el equilibrio en mi
vida sin estar fuera de mi país. Mi tierra,
Italia, es el lugar en en el que más vendo
y en donde la gente más me quiere, pero
al mismo tiempo disfruto todos los discos de oro
y de platino y los premios que obtengo en otros
países. Gracias a todas las personas que
me han dado esos premios he podido realizar cada
año lo que siento en mi interior a través
de la música; me han permitido crecer no
sólo como cantante, sino también
como mujer.
Es
obvio que ha madurado mientras crecía como
artista. ¿La inocencia de la principiante
se pierde irremisiblemente o le queda un pozo
de la que fue antes de conocer la fama?
- Hummm... El instinto no ha cambiado, pero la
inocencia se fue. No lo digo con tristeza, porque
la inocencia es una cosa buenísima cuando
una persona la tiene de una forma respetuosa con
ella misma. Yo no me arrepiento de nada de lo
que he hecho, aunque me doy cuenta de que la forma
en que he explicado mis inquietudes a través
de la música al principio de mi carrera
no es la misma que utilizaría ahora. Antes
era tan honesta... Bueno, la verdad es que trato
de seguir siéndolo... Al principio, la
gente me ha conocido con un estilo cursi, como
todas las adolescentes. Y esa inocencia quedaba
reflejada en mi trabajo porque siempre he tratado
de explicarme con sinceridad. También,
por esa inocencia, dejé que algunas personas
me influyeran artística y personalmente.
Eso tenía una parte buena, pero, por otro
lado, me ha hecho perder cosas. Siento mucha ternura
cuando recuerdo mis inicios, porque, aunque era
inmadura, era muy entusiasta con todo lo que empezaba
a abrirse para mí. Ahora soy mucho más
independiente y más segura; más
madura y con un carácter ya hecho. Soy
muy exigente conmigo y con la gente que me rodea;
soy muy trabajadora y muy pasional; soy una persona
testaruda, en el buen sentido y en el malo...
Cuando
comprobó que el negocio musical no era
tan idílico como pensaba, ¿sufrió
un hondo desencanto?
- Sí, sí, absolutamente. Yo pensaba
que la gente que me encontraría en el futuro
sería maravillosa, como de cuento de hadas.
Pero luego la vida te pone en tu sitio.
¿Ha
sufrido grandes deslealtades en lo profesional?
- Las he sufrido como persona y, lógicamente,
se han visto reflejadas en mi música. He
sufrido porque yo no quería cambiar mi
actitud para adaptarme a un tipo de vida estandarizada.
He luchado hasta el final para mantenerme al margen
de esa cara de falsedad que tanto se da en mi
trabajo. Y creo que lo he conseguido. Me siento
una persona sincera, aunque eso, claro, me ha
acarreado algún que otro problema. Pero
yo creo que haciendo eso me respeto a mí
misma y a la gente que me ha dado su confianza.
La música no sólo me hace sentirme
realizada, sino que me aporta equilibrio y felicidad.
Cuando yo era pequeña, tenía miedo
de ser una persona diferente a las demás,
y la única manera que tenía de sentirme
relajada e idéntica al resto era escribiendo
una canción. Si yo ahora miento acerca
de mi forma de ser, sería el error más
grande de mi vida. Este es un trabajo muy particular:
un año eres una estrella y al siguiente
no existes. Y en ese momento, cuando ya has dejado
de existir, te preguntas qué habrás
hecho para llegar a eso. Pero lo más importante
es no traicionarse nunca a uno mismo. Yo he tenido
miedo de ser influida por las modas musicales,
por la presión de la compañía
discográfica... Pero rodearme de mis amigos
ha sido vital, porque empezar de adolescente en
este mundo y tener tanto éxito significa
cambiar radicalmente tu vida, y yo no quería
cambiar de esa forma tan drástica, sino
tener un crecimiento progresivo. Viajar me encanta.
Es casi como una droga que necesito tomarme todos
los días: yo me siento un poco española,
un poco mexicana, un poco finlandesa, y esa contradicción
es parte de mi personalidad. Soy lunática
porque así es mi vida. Vivo una semana
en un lugar en donde el sol luce todo el día,
como en Finlandia, y después tres días
en un lugar en donde todo está oscuro.
En
este disco que presenta se incluye un dueto con
José El Francés, "Dime".
Imagino que sabrá que este artista se halla
cumpliendo condena en la actualidad.
- Sí, conozco bien la historia, porque
me llegó un "e-mail" hace un
mes en el que me ponían al corriente de
todo. Yo no soy su mejor amiga, pero le conozco
y le he tratado un poco, porque nunca he colaborado
con alguien a quien no conozca de nada. No puedo
emitir un juicio, pero, por lo que he podido escuchar,
al parecer en España, como en Italia, hay
algunas leyes un poco viejas que no han renovado,
y él es de alguna manera víctima
de eso. José El Francés es alguien
a quien estimo mucho musicalmente. En lo personal
no le conozco demasiado, pero creo que es un hombre
de una gran dulzura, y hay pocos hombres dulces
ahora. Espero que cuando salga de la cárcel
podamos cantar juntos en alguno de mis conciertos
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En
1996 actuó en el Vaticano para Juan Pablo II. ¿Es
usted una mujer religiosa?
- Sí, soy católica. Cuando era más
pequeña decidí, sin el consejo de mis padres,
pasar todas las tardes libres con hermanas y educadores
eclesiásticos. Y con ellos he aprendido a leer el
Evangelio, la Biblia, conocer cosas de la Iglesia y, sobre
todo, la palabra de Dios. No tengo ninguna duda acerca de
la existencia de Dios. Pero hay algunas cosas de la Iglesia
que no comprendo. Ellos me han enseñado que cada
hombre debe amar a sus hermanos, que todos somos iguales,
que no existe el racismo... perfecto. ¿Por qué
entonces cuando hablamos de personas homosexuales piensan
que tienen problemas, que no son iguales a nosotros? Yo
no lo puedo comprender. Sentir amor no tiene nada que ver
con el sexo. No me parece bien que una institución
decida lo que es o no justo para una persona. En cuanto
al matrimonio y la convivencia, pienso que dos personas
que creen en el sacramento del matrimonio y que quieren
casarse deben conocerse profundamente. Y la mejor manera
para que dos personas pueden conocerse, al ciento por ciento,
es compartiéndolo todo. Desde lavarse los dientes
juntos a hacer el amor.
Usted
participó en el concierto que se celebró en
Madrid en homenaje a Miguel Ángel Blanco, asesinado
por la banda terrorista ETA. ¿Qué sabe del
terrorismo etarra?
- Ése fue un momento muy importante en mi vida. Miguel
Bosé me ofreció participar en ese concierto
y me explicó muy bien lo que era ETA, aunque yo ya
sabía lo que significaba ETA. Estoy en contra del
terrorismo en general. He vivido muchos momentos de terrorismo
de ETA en España: después de la muerte de
Miguel Ángel Blanco, se produjo un acto de terrorismo
en Barcelona y otros en San Sebastián y en Sevilla.
No tiene ninguna explicación defender las propias
ideas por medio de la violencia. En el concierto de homenaje
a Miguel Ángel Blanco, yo tenía miedo de mostrarme
en contra de una cosa tan peligrosa. No tenía miedo
de ser asesinada, pero sí de tener algún problema
a raíz de aquello. Pero decidí vencer ese
miedo y poner mi cara enfrente de la cámara y cantar.
Muchos
de los músicos que participaron en dicho acto se
quejaron de que había sido en exceso politizado.
¿Recuerda haber intercambiado impresiones con ellos
en ese sentido?
- No. Pero sí que me pareció raro que una
manifestación en contra del terrorismo terminase
con un discurso político.
En
los últimos premios Grammy Latinos usted optaba a
cuatro galardones. El triunfador absoluto fue Alejandro
Sanz. ¿Decepcionada?
- No. He tenido ocasión varias veces de saber lo
que se siente con una estatua en la mano (risas). No, en
serio. Sé que es una situación fantástica.
Pero me gusta Alejandro Sanz y me fascina que ese tipo de
música, más compleja de lo habitual, sea popular.
Lo que hace es casi poesía, y es más difícil
de asimilar por parte de la gente. Porque muchas veces –y
en los últimos años cada vez más–
las compañías buscan nuevos talentos en función
de sus caras, su forma de bailar o lo ‘sexys’
que sean. La palabra cantante se aplica a alguien que canta,
no a un bailarín o a un modelo. Y algo pasará
con esa fórmula, porque las ventas de la industria
discográfica están bajando considerablemente.
¿Quién
es más popular en su país, Alejandro Sanz
o Enrique Iglesias?
- Enrique Iglesias. Alejandro apenas es conocido en Italia.
Miguel Bosé es muy conocido allí. E hispanoamericanos
como Maná, Ricky Martin y Gloria Estefan. Y termina
aquí esta entrevista, no sin antes, recalcar las
palabras de Laura Pausini, y que nuestra compañera
bogotochi, también quiere destacarnos :)
"Hay
algunas cosas de la Iglesia que no comprendo. Ellos me han
enseñado que cada hombre debe amar a sus hermanos,
que todos somos iguales, que no existe el racismo... perfecto.
¿Por qué entonces cuando hablamos de personas
homosexuales piensan que tienen problemas, que no son iguales
a nosotros? Yo no lo puedo comprender. Sentir amor no tiene
nada que ver con el sexo. No me parece bien que una institución
decida lo que es o no justo para una persona"
Web oficial de Laura Pausini
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