Robbie
Williams, de vuelta
Tiene
31 años pero ya las pasó casi todas. Sobrevivió
a una severa adicción a la cocaína y dejó
atrás las borracheras para asumir el trono de
rey del pop. En una entrevista exclusiva, habla de drogas,
fútbol, fama y mujeres: un cóctel explosivo.
Aquí,
encima de lo que cinco siglos atrás era Tenochtitlan
–una ciudad imperial que se levantó sobre
un pantano–, el emperador del pop está
a punto de hacer su regia aparición. Todo está
listo en el Salón Veracruz, en este lugar que
alguna vez le perteneció a los aztecas y hoy
es parte del inventario de una cadena hotelera.
Pompey,
guardaespaldas con ínfulas de sombra, hace lo
suyo: muestra una cara de ningún amigo. Josie,
su asistente omnipresente, avisa que Robbie no hablará
de política, que ya se hartó de repetir
que Bush le parece “un idiota” y que Blair
“es un títere”. La ejecutiva de la
discográfica pretende que la charla se encauce
alrededor de Intensive Care , flamante disco que el
cantante vino a presentar a la capital mexicana.
Y el mozo se muerde la lengua para no insultar cuando
ve al argentino birlando el California Roll que coronaba
la bandeja de sushi: “Quería que Robbie
viera la mesa prolija, huey ”, rezonga el único
de los presentes de sangre puramente americana.
Al
fin, tras tantos prolegómenos, Robert Peter Williams
se digna a aparecer. Ve la camiseta blanquiceleste de
su futuro interlocutor y ni repara en el sushi. El cantante
de 31 años, británico hasta el caracú,
no empezará la charla contando que lleva tres
años sobrio. Tampoco recordará su niñez
en Stoke on Trent, ni su paso por la banda Take That.
Ni siquiera hablará de su romance actual con
el tarot, el ocultismo y demás yerbas. El hombre
ve la camiseta de la selección que más
tristezas le dio, y quiere hablar de fútbol.
Del último partido entre Argentina e Inglaterra
–el 3 a 2 agónico para ellos–, para
ser precisos. Quiere revolver la daga clavada en nuestro
corazón futbolero. “Vamos, no te pongas
mal –gastará–. Les ganamos de pedo,
y es obvio que sólo fue un amistoso. Pero es
fantástico que les ganemos, ¿qué
voy a decirte? ¿Que no te deprimas?”
(Ay, Pekerman, ¿cómo perdimos así?
Aunque una regla básica de la entrevista aconseje
bajar la cabeza y darle la razón, el orgullo
herido ganará la partida.)
Recordá
los partidos del 86 y el 98. En los mundiales se ve
la verdad.
Yo
recuerdo todos los partidos con la Argentina, incluido
el de 2002, que les ganamos fácil. Pero no voy
a fingir que Argentina no tiene aspectos brillantes.
Para mí, hoy nosotros somos la selección
número dos en el mundo y ustedes son la número
tres. No era el Mundial.
¿Cuándo
ves esa clase de partidos, no hubieras preferido ser
Michael Owen en vez de Robbie?
No.
Quería ser jugador cuando tenía nueve
años. Pero me hace muy feliz ver a esa gente
talentosa desplegar su arte. Me gustaría tener
el don que tienen, pero no me tocó, por desgracia.
Le
tocó todo a Maradona.
Ese
tipo tiene tal habilidad... Es una leyenda viviente,
un dios del fútbol. Ojalá tuviera una
centésima parte de su talento.
Bueno,
ya tienen algo en común: los dos dejaron las
drogas.
Sí,
lo sé. ¿Qué edad tiene? ¿Ya
42? Todavía puede jugar, estoy seguro.
(Bueno, ya basta de fútbol, que no estamos en
la sección Deportes. Es hora de cortarlo en seco.)
Sí,
jugó un par de partidos… Pero hablábamos
de drogas, ¿en qué momento decidiste dejarlas?
No
fue un momento único, fue un proceso. Tenía
19 cuando me di cuenta de que tenía un problema.
¿Estabas
fuera de control?
Bueno,
la verdad es que no tenía el control. Me di cuenta
a los 19 años, pero no quería parar. Porque
pensé que sólo era un individuo que tomaba
drogas. Y me llevó quizás otros ocho años
hasta que finalmente finalmente acepté que yo
no era libre, que las drogas decidían por mí.
Pero eso no significa nada. No soy ejemplo de nada...
Pasó así.
La
época más dura
“Así”
significa que fue durísimo. Para dejar la cocaína,
Robbie se recluyó en Clouds House, una clínica
en la que a cambio de 4 mil libras lo sometieron a la
primera cura de desintoxicación de su vida. Allí,
sin habitación privada ni privilegio alguno,
pasó seis semanas pesadillescas en 1998. Se presentaba
en las sesiones grupales como: “Rob, alcohólico
y drogadicto”. Contaba una y otra vez lo difícil
que fue para él –hijo de padres separados
y chico inseguro en el fondo– tener éxito
a los 17 años, en los días de Take That.
Hablaba de lo complicado que le resultó abrirse
un camino como solista, de la duda que le carcomía
el alma: ¿era más que un producto de marketing?
De cómo el éxito de su canción
Angels fue excesivo, y lo hizo creerse un intocable.
Esa
no fue su última internación, pero sí
la crucial. Sabe que, de no haber entrado en la clínica
ese día, hoy no podría ufanarse de sus
tres años de sobriedad.
Tenés
llegada a miles de jóvenes y sabés lo
duro que es ser un adicto, pero no te veo haciendo campaña
contra las drogas. ¿Por qué?
Porque
no me meto en la vida de los demás. Creo que
si ellos están utilizando drogas es por decisión
propia. Lo dije hace poco cuando le empezaron a pegar
a Kate Moss por su adicción a la cocaína:
yo no soy un ejemplo de nada, y sólo puedo decir
que es imposible dejar de consumir drogas si uno no
tiene la voluntad de hacerlo. Yo no hago campañas
porque no sirven para nada. Cuando yo tenía 17
años consumía mucha cocaína, y
si hubiera visto a un personaje de 31 años –la
edad que tengo ahora– diciéndome que no
lo hiciera, lo hubiera mandado a cagar.
Dejaste
la cocaína, llevás años sobrio...
¿ya no tenés adicciones?
Sí,
pero ya no a las drogas duras. Soy adicto al café,
a la nicotina, a algunas pastillas…
Antidepresivos,
¿no?
Sí,
no los puedo dejar del todo, aunque son una mierda.
Cualquiera
diría que no tenés motivos para deprimirte…
Pero
no están en mi pellejo: no es tan fácil
ser Robbie Williams.
Digamos
que la tuya es una naturaleza adictiva. ¿No será
la fama la peor de las drogas?
Pienso
que el éxito es una droga. Eso de querer crear
lo mejor que se puede y no estar feliz con lo que hacés
es una adicción. Si no lo tenés, el éxito
es una droga temible.
Libertad, divino tesoro.
No debe ser fácil entender que la ley de gravedad
hace de las suyas tarde o temprano, que todo lo que
sube tiene que bajar. Al menos, no debe ser fácil
si uno se llama Robbie Williams y su nombre convoca
a 375 mil personas en un show (el que hizo en su país
natal dos años atrás, en el bosque de
Knebworth).
Si
un día nadie compra tus CDs ni va a ver tus shows,
¿qué harías?
Ey,
Madonna tiene 47 años y sigue vendiendo discos.
Todo puede pasar, pero la verdad es que no sé
cómo sería no tener éxito. Tal
vez sería un alivio; tal vez estaría increíblemente
triste. No es algo que espere, pero posiblemente pueda
dominar el hecho de que el éxito desaparezca.
O eso espero.
(El hombre está más reflexivo, nohay dudas.
¿Será que está en plena crisis
de los treinta?)
A
tu edad, uno empieza a recordar su adolescencia seguido.
Escuchando tu último disco sentí que te
pasaba algo similar. ¿Es así?
Sí,
tal cual. Me pasó en los últimos tres
años. Me siento triste porque me da mucha nostalgia.
Me di cuenta de que la época de colegio es la
última en la que somos libres genuinamente. En
ese entonces no tenía responsabilidades. Era
libre de verdad, y a veces extraño eso.
Debe
ser frustrante no ser libre de salir a la calle cuando
querés.
Bueno,
eso ocurre, y por eso dejé mi país. Hace
unos años que vivo en los Estados Unidos, y ahí
soy libre. Muy poca gente me conoce, así que
puedo sacarme un moco o rascarme el culo y pasar inadvertido,
lo cual es maravilloso. Pero llevo un estilo de vida
muy privilegiado. El dinero me permite hacer mucho.
Cuando voy a la Argentina, me divierto y actúo
como un pop star . Y cuando vuelvo a casa en Los Angeles,
soy libre en serio.
Dicen
que te quedás encerrado días, jugando
al Scrabel…
Juego
al Scrabel. Juego al fútbol. Voy al cine, tomo
café, veo a mis amigos: todo lo disfruto mucho...
Ocasionalmente tengo sexo.
¿Ocasionalmente?
Parece que a los 31 el sexo ya no es eltema.
No
sé. Lo cierto es que ya no soy lo que era…
Estoy en un ritmo de una vez por semana. Patético,
¿no? (Hombres argentinos, recorten el párrafo
de arriba. ¿No los tranquiliza saber que el objeto
de deseo de sus novias, esposas o hijas ya no es lo
que era? Lo único que falta para hacer cartón
lleno es que aquel rumor sea cierto... ¿Cómo
preguntarle si es o se hace? Como quien no quiere la
cosa, haciéndose el sota.)